La marcha más desinflada/ el más odiado/ ¿Pero qué necesidad?
Opinión
La marcha más desinflada
La marcha morenista del pasado sábado 16 de mayo terminó por convertirse en el mejor regalo político para el PAN rumbo al 2027. Lo que pretendía ser una demostración de músculo acabó exhibiendo debilidad, desorganización y una evidente falta de convocatoria. Ni la visita de la dirigente nacional Ariadna Montiel logró levantar el ánimo de una estructura que prometía multitudes y apenas alcanzó una concentración modesta frente a Palacio de Gobierno.
Desde temprano se notó el problema. La marcha estaba programada para arrancar a las 4:00 de la tarde, pero el contingente empezó a moverse hasta después de las 5:30, esperando que siguiera llegando gente. No llegó. Ni con operadores políticos, ni con acarreados de otras ciudades y estados pudieron llenar el Centro Histórico como presumían. En el mejor de los cálculos, el mitin reunió unas 5 mil personas. Muy lejos del “golpe político” que pretendían construir después de las acusaciones en Estados Unidos contra Rubén Rocha Moya por presuntos nexos con el narcotráfico. El mensaje fue claro: ni Andrea Chávez ni Cruz Pérez Cuéllar demostraron el poder de convocatoria que tanto presumen.
Andy López, el más odiado
Y por si faltaba tensión, la llegada de Andrés López Beltrán terminó por caldear todavía más el ambiente. En el aeropuerto lo recibieron manifestantes con cartulinas contra Morena, la narcocorrupción y Rocha Moya. Después vinieron los empujones, los gritos y los malos tratos a reporteros locales por parte de simpatizantes y gente del equipo morenista. El episodio dejó una imagen incómoda para un movimiento que presume cercanía con el pueblo, pero que cada vez tolera menos las preguntas incómodas.
¿Pero qué necesidad?
Pero tampoco del otro lado cantaron mal las rancheras. En el afán de “medir fuerzas”, varios actores del gobierno estatal parecieron más concentrados en obstaculizar la marcha que en evitar afectar a la ciudadanía. La suspensión del Bowí, los cierres carreteros, las obras improvisadas sobre Venustiano Carranza y hasta el operativo exprés para pintar avenidas dejaron claro que la disputa política ya se juega en cada rincón de la ciudad. Y como suele pasar, quienes terminaron pagando el costo fueron los ciudadanos atrapados entre bloqueos, caos vial y decisiones absurdas. Luego la clase política se pregunta por qué la gente ya no cree en ellos… ni quiere salir a votar.